jueves, 7 de octubre de 2010

Delhi, la tarde



Por la tarde el guía ya empieza a hacer de las suyas; nos lleva a cambiar el dinero donde unos conocidos suyos, a un buen cambio, hay que reconocer, y a el le dan un gel por habernos llevado a una tienducha de medicinas en medio de un mercado de mala muerte. Si en la tienda de al lado no vendían dientes será de casualidad.

La segunda, ya con dinero fresco, nos lleva a una tienda de productos de cachemira, vamos para que conozcamos el género. Daba miedo mirar cualquier cosa. Todo era muy bueno, muy bonito, y nada barato. Su objetivo era vendernos lo que fuera; si no te gustaban las pasminas, tenían alfombras de cachemira, o mantelitos con piedras semipreciosas incrustadas, o unos saris aún más preciosos, o joyas de plata, o tallas de madera de sándalo... el ver la cara de belén daba miedo; por un lado la gustaba todo, pero por otro se ponía muy tensa con la situación. Por supuesto, ninguna cosa venía con precio.

No sé cómo, pero conseguimos salir indemnes de la situación. Así que tocaba ir a otros dos templos más. En la india conviven siete creencias más o menos mayoritarias. El primero, la primera mezquita que se construyo en la india, ahora derruida, donde pudimos ver un grupo de danzas indias. El otro, el templo de la flor de loto, es una construcción moderna, realizada para que personas de cualquier creencia vayan a orar, o es que es una religión en la que aunan el resto de las religiones.

Bueno,pues ya debíamos estar a punto de caramelo, porque nos llevó a otra cooperativa y ahí ya si que nos tuvimos que zafar en el cuerpo a cuerpo. Lo primero siempre es que te ofrecen algo para tomar (agua, café, te, cola, refresco) y luego ya al tema. Nos sacaron lo menos 25 saris, a cada cual más bonito (y más caro), pero después ya pasamos a otras secciones. Te enseñan de todo y te venden de todo.

Al final, regateo y más regateo y de cualquier forma, al salir te sientes engañado; unas veces más, otras menos, pero siempre engañado.

Lo que hay que reconocer es qué bien la sienta a belén el sari.

y  al final, como siempre...



dando gusto al cuerpo y al paladar con la rica comida india.

Bueno, en algunos casos esta un pelin mas picante de la cuenta. Hoy la cena fue en un bar de lo mas pintoresco que no era precisamente para turistas. podeis fijaros en el expositor de carne que hay al fondo.
Eso si, en este sitio no habia insectos en el pan (al menos eso queremos pensar)

4 comentarios:

  1. Qué guapa Belén...!!!
    Gracias por tenernos informados...!!

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  2. Bueno, varias cosas nos estan quedando claras en este viaje, 1º la fobia de las tiendas indias a poner el precio a las cosas, 2º que vuestros guias son unos listos y 3º que de todo punto me parece a mi que alguien se trae un SARI en la maleta..... y por último encima que te dan pan relleno (aunque sea de insectos) te quejas, como eres EDU!.

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  3. puff, ya no tengo un Sari en la maleta, ahora son 3!!! tendre que repartir porque Edu me va a hacer elegir, o los Saris o el

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  4. Pues nada se de una que en la próxima fiesta de disfraces va con un SARI como esta mandado

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