martes, 6 de septiembre de 2011

San Sergio



Hoy nos hemos levantado con espíritu aventurero y con el firme propósito de de llegar a sergiev posad (monasterio de san sergio) por nuestra cuenta.

Esta a 70 km de moscu  y todo lo que sabemos para llegar es que sale un tren electrico desde la estación yaraslavsky y que se tarda 1 hora y 40 minutos.

Primero hay que encontrar la estación donde también llega el metro y el tren.

Imaginar un atocha de hace 50 años en cirílico (metro, cercanias y tren normal mas ave)

20000 ventanillas distintas con 40000 vendedoras de las que solo 2 saben inglés y solo una es simpática.

Os dejo imaginar un rato y ahora os confirmo que en este momento estamos en el tren de camino a san sergio (o eso esperamos).

ay!! Si ya se porqué me casé con Eduardo!! Aún no se como lo hace pero traduce el cirílico al latino sin problema y me dice...  no lo ves?  Si esta muy claro "la n invertida significa... Y la pi con épsilon se traduce...

Qué bonito es saber idiomas !!

Bueno os puedo contar que el viaje esta siendo entretenido.

El tren para cada 500 metros, más o menos, y son 70 km... pero es divertido ver como la gente sale despavorida cuando viene el revisor.

Pasa corriendo de un vagón a otro y cuando llegamos a una estación bajan y se montan en un vagón mas atrás y así todo el rato.

Ya ha pasado por nuestro sitio y no nos ha tirado en marcha así que suponemos que estamos en el tren correcto. Por cierto, al revisor siempre le escoltan dos policías.

Otra cosa que nos ha entretenido son los vendedores ambulantes del ten.

Un señor se ha pintado la camiseta con rotulador, boli y salsa. Después la ha frotado con una barrita mágica y han desaparecido las manchas.

Una señora ha abierto un tarro muchas veces con un abre tarros.

Varias personas mas han mostrado productos desconocidos con propiedades incomprensibles para nosotros.

Eso sí, ninguno ha vendido nada.

El monasterio de san sergio es maravilloso.

Nada más salir de la estación a la derecha hemos visto un montón de cebollas y hacia allí nos hemos encaminado.

Las hay de oro, blancas y azules con estrellas doradas (Ayer nos contaron que estos son los colores tradicionales de las catedrales en honor a la virgen).

Para no perder la costumbre más tiendas.

Para no perder la costumbre más compras.

Hemos podido comprobar en nuestras propias carnes y en nuestra propia cartera que lo que decían los foros es cierto. Aqui las compras son mas baratas.

Que pena de compras de ayer!

Bueno, compramos más y compensamos.

Nota: cuando vengáis a rusia, las compras en san sergio y en el parque de izmajlovo. Hay mucha diferencia y aun te rebajan algo si ven que te vas sin comprar.

Otro consejo, si no hay mucho tiempo se puede venir a san sergio pasando de ir a vladimir y sutzal. Ademas, se puede llegar en tren por 265 rublos sin pagar las carisimas excursiones que te ofrecen. Eso si, sin guia y solo si se dispone de un Eduardo que te lleve por el buen camino.

Otra vez en el tren de vuelta.

Nos montamos con algo de miedo porque esta vez es nuevo, cómodo y no tiene nada que ver con el anterior.

Pero parece que no nos hemos equivocado, porque llegamos a moscú, a la estación de origen y en todo el camino de vuelta no pasó el revisor.

(a partir de aquí eduardo)

Por cierto que el monasterio de San Sergio impresiona, no solo por la belleza de sus cúpulas y la ornamentación de iconos, pinturas y mosaicos, sino porque se respira la quietud y la espiritualidad. Es un monasterio con muchos monjes, todos ellos con su pelo y su barba largos, y un montón de feligresas, todas ellas con su pelo cubierto.

De regreso a moscú hacemos el recorrido por las estaciones de metro de la línea circular y realmente merece la pena el recorrido, la guía no engañaba. Bajamos en cada estación, hacemos unas foticos, y cogemos el mismo metro que dejamos antes, hasta la siguiente estación.

Y acabamos la jornada de paseo por otra zona de la ciudad para aprovechar cada mintió. Y para cenar sushi, que parece que está de moda en rusia, porque de cada cuatro sitios, tres te ofrecen sushi (y el cuarto es un McDonals).

Por cierto, que la comida fue en un McDonnals, donde Belén tendrá que contar una bonita anécdota, al regreso... que hizo que la saliera coca cola por la nariz.


lunes, 5 de septiembre de 2011

El anillo de oro: Vladimir y Suzdal

El día empieza muy mal, no se puede decir de otra forma: tenemos contratada una excursión para ver dos ciudades distantes 200km de moscú y nos vienen a recoger a las 8 de la mañana!!

Peor aún, a las 7:45 ya está llamando la guía que está en el vestíbulo del hotel. Qué dura es la vida del turista!!

Después de tanto tiempo, Belén vuelve a sentirse a gusto: tiene chófer, guía y guardaespaldas: la guía se sienta atrás y a mí me toca ir adelante junto al chófer.

Al ser domingo la salida de moscú es cómoda, sin atascos. El ir por carrera nos permite ver cómo se conduce en rusia y cómo son las construcciones fuera de las grandes ciudades.

La carretera es de dos carriles en cada dirección pero no lo podemos llamar autovía, porque de vez en cuando tiene semáforos, pasos de peatones o se para el coche en el carril de la izquierda para girar. Pero vamos, quitando esas curiosidades, no se va mal; en sitio mucho peores hemos estado.

Las casas, abundan las que son de madera, lo que no deja de ser un problema con el aislamiento, humedades y demás, pero parece que hasta la caída del comunismo no se vendían ladrillos a la gente. Siendo de madera, hay algunas que labradas son realmente llamativas.

Abunda mucho bosque y mucho verde en el paisaje, y aquí y allá hay en los arcenes puestos de fruta, de sandías o de conejos de peluche, en general del producto típico de la zona.


Al llegar a Vladimir recogemos a la guía local (una personas más para el séquito de Belén) y hacemos una rápida visita viendo la catedral por dentro y lo más llamativo la puerta de oro, la antigua puerta fortificada que daba acceso a la ciudad, que encima de ella tiene una iglesia (= capilla). Las puertas realmente tenían un baño de oro donde se representaban escenas de la biblia.

Es gracioso ver como las dos guías se van alternando la explicación de las cosas, completándose entre sí, pero con algunas palabras raras. La guía nos cuenta que a parte del ruso estudio en el colegio inglés y francés y posteriormente en una academia de turismo el español y el italiano.

Lo siguiente en el plan del viaje es comer, pero si solo son las 12:30!! Nos ofrecen el pan del viajero, un pan dulce, muy rico, pero no tanto como los de belén ;-) ... pero no dejamos nada. La comida, la típica, ensalada, sopa con tropezones de carne, cerdo empanado y gratinado, con guarnición de arroz, y pastel de fresa.



Continuamos hacia Suzdal, que no es más que un pueblo, que en tiempos tuvo más de setenta iglesias y quince monasterios!! y que hoy es patrimonio de la humanidad.

La visita comienza por el museo etnográfico tradicional, en que vemos la vivienda tradicional de un agricultor tradicional o la iglesia tradicional, todas ellas en madera tradicional. Aquí te das cuenta que no hay tantas diferencias en la vida de un agricultor, aunque el que haya 15 grados bajo cero fuera hay que guardar mucho el calor.

Aquí nos explican porque las iglesias son tan pequeñas: en invierno, cuanto más grande es la iglesia más difícil es de calentar, así que no es raro incluso que haya un par de iglesias juntas, una más pequeña para el invierno y otra un poco más grande para el verano.

Luego vamos a ver la catedral de la anunciación, del siglo xiii, y con pinturas del siglo xiii, xv, xvii y xix, bastante llamativa. Y para finalizar vamos a ver un monasterio amurallado, donde nos reciben con un concierto de campanas, y que alberga multitud de iglesias, cuyos iconos fueron quemados en época comunista.

Las explicaciones son en base a pintores, príncipes, aristócratas y demás personajes rusos que tan pronto te los dicen, así se olvidan.

Tras un vasito de hidromiel, bebida típica de la región, a base de miel fermentada (con alcohol) que nos invita la guía, nos volvemos para moscú. Las dos horas largas de la ida se alargan en el atasco de entrada del domingo por la noche y ser convierten en tres horas largas.

Al llegar al hotel nos dicen que es la fiesta de la ciudad y que hay fuegos artificiales, oportunidad que no podemos dejar pasar, así que ateridos por la fría noche moscovita y su gélido viento esperamos por más de media hora unos fuegos artificiales que no duran ni diez minutos; pero si en mi pueblo llegan a las media hora. Debo reconocer, no obstante que aquí  tiraban los cohetes de seis en seis o más. Y a recogerse que hace mucho frío!!

Los kremlin



Kremlin es una palabra común que viene a significar fortificación o fortaleza.

Repitiendo el paseo de ayer nos plantamos en la plaza roja, que sigue ocupada por las gradas del espectáculo, que finaliza el día 4, y por el ensayo del mismo. Una pena, porque ni da para tener una buena imagen de la plaza, ni se va a poder hacer una foto. Belén está muy triste, pero esperemos que el 5 lo desmonten y podamos verlo.

Para no tener problemas con los cierres semanales, empezamos por San Basilio, la preciosa iglesia de cebollas y fantasía de la plaza roja. El interior realmente nos sorprende, ya que cada cúpula se corresponde con una capillita independiente del resto, separadas por muros. En la central, un coro de cinco rusos entona un canto profundo y melodioso (y venden cds).

En casi todos los monumentos de rusia cobran independientemente la entrada del permiso para hacer las fotos, lo que teniendo en cuenta el precio de las entradas me parece un robo. El caso es que tienen razón los blogs, nadie te pide el permiso, así que se puede arriesgar uno, con disimulo, a hacer las fotos sin pagarlo.

La puerta de acceso al kremlim no está en la plaza roja, sino al otro lado de la fortificación, así que tras ver por fuera el mausoleo de lenin damos la vuelta para entrar.

Sorprende que casi no hay colas en la taquilla, pero tiene su explicación, venden tres tipos de entradas diferentes y las más completas ya se han agotado (también tienen cupo), así que pagamos 9€ por persona por dar una vuelta dentro del kremlin.



Resulta muy curioso que en el centro del poder comunista persistieran a lo largo de los años seis catedrales de siglos pasados. Además de las catedrales son foto obligada el cañón y la campana más grande del mundo. Por lo que parece a los rusos les gustan las cosas grandes.



Tras un tentempié a base de una patata asada con unas salsas (en que nos vuelven a dar gato por liebre, poniéndonos las salsas más caras), cogemos el metro hacia Izmailovo, un mercado de recomendación fraterna. En la guía pone que numerosos puestos solo abren los fines de semana, así que hay que aprovechar el sábado.



Lo primero que visitamos allí es su kremlim, fortificación moderna, pero con edificios de madera al estilo tradicional, convertida en lo que podríamos denominar bodódromo: en lo que estamos por allí vemos media docena de parejas por lo menos celebrando la boda y posando después para las fotos. Por cierto, un poco horteras si que son... pero eso ya lo dejamos para los comentarios especializados de Belén.

Cuando pasamos al mercado ya son casi las seis y muchos puestos están recogiendo, pero como casi todos son del mismo estilo nos da para hacernos una idea: matrioskas de todos los tamaños, formas y colores, objetos tallados en madera, ajedreces, gorros de piel, ...

De regreso al centro vamos viendo alguna de las estaciones de metro en las que hay que detenerse y luego vamos paseando hasta el legendario Bolsoi. Nos iremos del viaje con una espinita clavada, de no poder ver "El lago de los cisnes" en el Bolsoi, pero es que aún no ha empezado la temporada :-(

Para cenar vamos a un restaurante de comida tradicional ucraniana ("Taras Bulba", qué recuerdos), donde tienen un tocó de carta en español!! :-o carta que tardamos media hora en el leer, para al final pedir lo que no entendemos: pelmeni y varenski... lo que al final resultan ser distintos tipos de pasta rellena. Un poco escasa la cena, pero mañana nos levantaremos igualmente en ayunas.

Camino al hotel, por las calles inhóspitas, con merodeadores, vemos dos parejas que tienen grabado en la frente "turistas" y que van en silencio, apretando el paso y mirando al suelo: no podemos por menos que seguirles, a un par de metros, y de vez en cuando echan una mirada hacia atrás a ver quien les sigue ... pero esta vez somos nosotros los merodeadores :-D Efectivamente, entramos todos juntitos al hotel.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Viaje a moscú



Antes de coger el tren a Moscú, nos queda una horita que aprovechamos para visitar el monasterio de Alexander Nevski, un complejo de siete iglesias y tres cementerios. Bueno, hay que tener en cuenta que aquí llaman catedral a cualquier iglesia, así que llaman iglesia a cualquier capilla.

La estación nos pilla pegando al hotel, así que en un periquete llegamos allí y mirando en unos paneles y en otros, a partir del número de tren 157A, sin preguntar a nadie, conseguimos localizarlo y tras pasar el arco de seguridad subir.

El tren se nota moderno y va hasta arriba, con las maletas por los pasillos, pero es espacioso. Curioso, de vez en cuando pasa un chico con un carrito como el de los aviones vendiendo tanto comida como bebida.

Al llegar a Moscú la estación de metro que cogemos para ir al hotel es de las que hay que pararse a mirar: hace años, los rusos recorrieron los metros del mundo, para hacer el metro más bonito del mundo y una de las cosas a hacer como turista es visitar estaciones de metro.

Cargados con las maletas no va a poder ser. El turismo tendrá que esperar.

Tras pasar por el hotel a dejar las maletas y descansar un poco salimos para aprovechar. El hotel se encuentra a cuarto de hora andando de la plaza roja, un auténtico privilegio, pero la zona está en obras y se alternan edificios de oficinas, con edificios nuevos y con edificios destartalados: así que fuera del horario de oficina no hay un alma por la calle, y cuando vemos gente todos son sospechosos y merodeadores, apretamos el paso, agachamos la cabeza y no decimos una palabra de español. Y esa va a ser la tónica general de cada noche :-s

Al llegar a la plaza roja no se puede entrar :-( Hay un espectáculo militar de desfiles. Un tattoo, para quien haya visto uno, como hace años vi en Edimburgo.

Damos la vuelta por detrás y entramos en GUM, galerías comerciales antaño emblema del comunismo que irónicamente ahora están atestadas de las marcas comerciales más conocidas (y caras) del mundo. Desde luego un sitio para ver (y no comprar).



De vuelta hacia el hotel cenamos en un McDonnals, para ver las cosas que tienen diferentes por países y aparte de que en todo momento tienen cola y no es para menos dado que es bastante más barato que otras alternativas, después de esperar cola por más de quince minutos, nos toca la rusa borde, que no entiende inglés y te pone cara de odio por existir. Pedimos un menú y nos trae la carta, insistimos en que queremos un menú y nos vuelve a señalar la carta, así que a la tercera de que queremos un menú llama al encargado para que se coma el marrón; el encargado, más pragmático nos pone lo que pedimos, nos lo cobra como si no fuera un menú y si quieres reclamar, al maestro armero.

Lo peor de todo, que Belén se queda con hambre, si es que debe tener un agujero en el estómago!!

La fortaleza, el "Aurora" y otras historias



Para el tercer y último día completo en San Petersburgo aún nos quedan muchas cosas para ver, como el salón de ámbar del palacio de Catalina en Pushkin ... pero hay que coger un tren y el día no va a dar de sí, así que lo dejamos para la próxima vez que vengamos.

Empezamos el día con la visita a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, el corazón donde el zar Pedro fundó la ciudad. Se trata de una isla grandecita, toda ella fortificada, por lo para su época debió ser bastante segura. Nos ofrecen visitar cinco edificios y nos quedamos con dos de ellos (cuanto más visitas, más pagas)

Lo más llamativo es la catedral, con una larga aguja dorada y en el interior las tumbas de los zares, incluidas las de la familia del último zar, fusilados en 1908, momento que aprovecho para soltarla a Belén la historia de la princesa Anastasia, una niña rusa que llegó a París en esa época y que pasó toda su vida como si fuera la última descendiente de los zares; un análisis de adn lo descartó en sus últimos años de vida.

Parece que hay otro acto académico, esta vez festejado por unos militares, que hacen malabarismos con el fusil y más bodas, otro lugar para hacerse fotos. Lo de las poses que ponen las rusas para hacerse las fotos merece un capítulo aparte; parecen auténticas profesionales :-)

El otro edificio a visitar es la prisión, situada en el lugar más seguro de la isla, muestra las condiciones que tenían los presos y sobre todo las historias de los más famosos que habían pasado por alli (anarquistas y comunistas)... famosos en Rusia; vamos, que una visita totalmente prescindible.


A continuación encaminamos nuestros pasos a ver el buque "Aurora", desde el que se inició el ataque al palacio en las revolución y que lo tienen expuesto, muy bien pintadito, como todo, como una atracción turística más. Es curioso, la verdad, pero el recorrido se ve un poco empañado cuando noto como intentan abrirme la cremallera de un bolsillo del pantalón; por suerte me doy cuenta rápido, con solo un par de dedos abierta y el pollo mirando al infinito, disimulando, como si nada. Nos lo volvimos a cruzar en el barco y le miré con una mirada de odio, que le hizo huir despavorido.

Continuamos el recorrido hacia la catedral de la Resurrección (aquí todo son catedrales) y Smol'nij, que está bastante distante, lo que nos permite ver más edificios, palacetes y parques hasta que empieza a llover, con ganas.

Pero después de la tormenta siempre sale el sol y un bonito arcoiris ilumina la tarde.

En un punto de turismo nos informan que la catedral está abierta hasta las 7, son casi las 6, pero tras dar una vuelta alrededor de la iglesia, un guarda nos dice que está cerrada. No hay quien les entienda!! :-(

Cogemos el metro para ir a la otra punta de la ciudad, para ver otras iglesias y sus cúpulas, porque por dentro nada, ambas cerradas. Curiosamente, en una de ellas, el monumento a la entrada está hecho a base de cañones.


Al estar más alejadas del centro, nos permite ver un poco los centros comerciales más de barrio, con sus botes de cerveza de litro, sus estanterías de botellas de vodka o sus delicatessen de aceite de oliva.

Ha sido un día muy duro, toca volver al hotel y cena de despedida en el típico self-service, donde el precio viene puesto al peso ... qué difícil es interpretar los tickets y si lo que nos cobran es lo que nos han puesto!!

viernes, 2 de septiembre de 2011

Peterhof



Como decíamos ayer, el zar tenía multitud de palacios, que para eso era el zar. En esta ocasión nos vamos a Peterhof, un palacio de verano, rodeado de jardines con fuentes, que se tira un aire a la Granja.

Para ir, cogemos un catamarán, para cruzar el báltico (1000 Rb). Al llegar, nos dejan en un embarcadero que acaba en unas taquillas con unos tornos... que nos "dan paso" a los jardines (800 Rb). Parece que hoy también toca lluvia por lo que intentaremos entrar en el palacio lo antes posible y ya dejaremos para después, a ver si hay suerte y ya ha escampado.

Pero, aunque ya lo habíamos leído, nos encontramos con otra de las cosas que pasan por aquí: el horario de visita de algunos sitios es diferente para rusos que para turistas extranjeros, de la misma forma que el precio es sustancialmente diferente (y en este caso hasta la taquilla).

El caso es que a esta hora no podemos entrar ... así que  vemos los jardines y sus fuentes, que están bastante bien. En general parece que les gustan los dorados y en particular las fuentes parece como que las hubieran dado una mano de pintura dorada anteayer.

En lo que escampa, aprovechamos para comer en otro puesto de perritos calientes, pero en este caso, siendo dentro del palacio, lo atiende una jovencita ;-)



A la hora adecuada hacemos la visita al palacio, no demasiado grande, pero bien presentado, con sus paredes forradas de seda, con sillas y sillones tapizadas a juego, sus juegos de cerámica y los muebles de madera labrados (1040 Rb).


Para volver, por otro camino, vemos en la guía que hay que coger un autobús, pero claro, no sabemos exactamente dónde está la parada y en las paradas te pone el itinerario, pero en cirílico y no tenemos ni idea del sentido. En fin, vemos que una es circular, así que nos subimos y usa veremos donde nos lleva; aún no ha anochecido y tenemos margen (40 Rb).

No tarda mucho en llegar a lo que se ve claramente como una estación de tren, así que vamos a la taquilla y con un español perfecto, enseñando en el mapa San Petersburgo, la de la taquilla nos entiende y en ruso perfecto nos indica que son 114 Rb y que el andén es el contrario. Tras un momento de tensión, en medio de un andén con indicadores en ruso, cogemos el primer tren que pasa por allí y conseguimos llegar al destino.

Total casi 3000 Rb unos 75€ por la excursioncita.

El resto de la tarde la dedicamos a otra de las islas de San Petersburgo, Vasilievsky, que a parte del ambiente universitario que tiene se caracteriza por las vistas que tiene a las otras islas de la ciudad. Al ser inicio del curso nos encontramos con un curioso acto académico en que cada facultad se agrupa en torno a su estandarte.

Como tiene que ser, en este caso la cena en un sitio ruso sin ningún cartel en otro idioma y una camarera que por supuesto no sabe ni 2 en inglés. Seguimos jugando a las películas, pero ayuda que sea self-service.

Hoy regresamos en metro, pero igualmente cansados.

El Hermitage



La aventura del día empieza por el desayuno, donde lo máximo que podemos aspirar es que tengan una carta tanto en ruso como en inglés, porque el español nada de nada y el inglés, tampoco.

Lo cierto es que parece que ni con esas, porque somos dos, pedimos dos cafés con leche y nos sirven dos cafés solos, cuando nos damos cuenta y reclamamos, (reclamar es hacer gestos, no os vayáis a pensar, vamos, como jugar al party), parece que solo nos han cobrado uno ¿?

El resto del desayuno, crepes de champiñón y jamón y otro de leche condensada.

En rusia hay muchos rusos y en san petersburgo mucho san petersburgués, porque a todas horas todo está lleno de gente. Lo del metro es espectacular, la cantidad de gente que hay, lo rápido que se mueven y lo larga de las escaleras, solo comparables a lo largo de los tacones de las rusas.

No sabemos cómo sería en época comunista, pero el capitalismo ahora ha llegado a más no poder: los comercios abren a las 10 y cierran a las 23 y los bancos también abren por la tarde, hasta las 21!! Y puestos y puestuchos por la calle de perritos calientes, o de dulces o de fruta o de lo que sea ... o la que vende paseos en barco, que está todo el día (literalmente) repitiendo su perorata, o personas-cartel plantados en la calle, anunciando un establecimiento o incansables repartidores de propaganda

Por suerte, aquí, los comerciantes solo muestran lo que tienen, no te agobian ni se te echan encima para que les compres lo que sea.

La previsión del tiempo para el primer día es de lluvia a todas horas, así que vamos a aprovechar a ver el hermitage, así estaremos a cubierto. Aprovechamos a ir viendo palacetes, catedrales, que tienen varias, y grandes casas, ya sabeis, aquí todo grande.

El hermitage es el antiguo palacio del zar, uno de ellos, con más de mil habitaciones... Mil habitaciones!!! Eso es como una habitación al lado de la otra, mil veces!!

Como aún no llueve, aprovechamos a seguir andando hasta la catedral de San Isaac, y la estatua a caballo de Pedro I, cuya base de piedra, de 160 toneladas tardaron dos años en transportar sobre troncos.

Alrededor de la estatua hay varios grupos de chicos de veinte años o menos, que resulta que son varias bodas.

Aquí una boda se distingue por un grupo de chicos y chicas engalanados. 10 o 12.

Los novios rondan los 20 años y el cortejo también. El novio vestirá de claro y la novia "llamativa", si es posible con un chal de pieles. Nada de padres, abuelos ni tíos. Solo en una había 2 personas de mas de 40.

También es necesario una limusina, champán y tacones muy altos y vestidos muy cortos. Si es buena, copas de plástico, si no con vasos vale, y si no, incluso se puede beber a morro, como si hubieras ganado la carrera de fórmula 1.

Eso si, si estas invitado y ves un puesto de perritos es imprescindible que compres uno y te lo comas aunque seas el novio y vayas de blanco.

Así que después de comer una salchicha enrollada que nos vendió la típica vendedora de puesto callejero con media docena de dientes de oro, nos vamos a ver el museo. Tres horas de paseo por alguna de las salas, donde destacan obras de Rembrant y un par de cuadros de Leonardo, pero donde también hay que detenerse en las habitaciones y salones del propio edificio.


Lo peor, las hordas de japoneses que se arremolinan delante de los cuadros a hacerles fotos. Todos hacen las mismas fotos, parecen que entran a los museos a hacer las fotos: no ven las obras, solo hacen la foto y de cuadro en cuadro y tiro porque me ha tocado.

Finalmente nos acaban echando, pero aún nos queda mucho día por delante ... y a pesar de la lluvia, pateamos la ciudad.

Para cenar buscamos un sitio de comida rusa, pero si no entendemos lo que pone es difícil entrar. Al final nos acabamos decidiendo por una cadena de comida rápida, pero de comida rusa, llamada Tepemok, donde nos ponen ensalada, sopa de tomate y crepes.

La noche acaba llevandos al hotel agotados, pero muy contentos de lo visto.

miércoles, 31 de agosto de 2011

La sangre derramada



El viaje, con escalas no ha sido muy pesado, pero el no haber dormido apenas en toda la noche hace que lleguemos muy cansados.

Lo primero que llama la atención al llegar es que todo está en cirílico, y aunque debería dar lo mismo, en realidad choca bastante. No sé qué se pensaba Belén que iba a pasar en el control de pasaporte, pero pasamos sin problemas.

Esta vez, aunque había bastante gente con carteles, no vino nadie a buscarnos, ni tampoco cogimos ninguno de los taxis que se ofrecían. Fuimos al autobús, siguiendo las indicaciones de unas página y después de veinte minutos de espera nos dimos cuenta de que en algo nos estábamos equivocando.

Se nos acerca un chico que conduce una furgoneta con asientos, que pone paradas de metro en una ventana y nos dice algo que no entendemos, a lo que respondemos con el nombre de una parada de metro, nos dice que si, vamos, que "da", así que nos montamos... con muchas dudas, pero nos montamos.

En el trayecto, con un tráfico algo caótico, aprendemos cirílico y nos damos cuenta que la última parada de la furgoneta es la que más cerca nos pilla del hotel, así que en vez de bajarnos en la primera vamos haciendo una panorámica hasta la última.

Curiosamente, a la furgoneta se sube y baja la gente en las paradas oficiales, en las no oficiales y en cualquier semáforo.

En ese momento aún no sabemos lo grandes que son las distancias en San Petersburgo, pero no tardamos en aprenderlo: cargados con las maletas andamos y andamos y andamos hasta el hotel, al que por fin llegamos.

Como buenos turistas, hay que aprovechar el día de llegada, así que tras un breve descanso para dejar las maletas, vamos a andar la ciudad, todo edificios macizos y grandes calles, lo que es decir andar y andar. No es que sean altos, pero todos tienen en su interior un amplio patio, por lo que desde fuera las manzanas quedan enormes.

Nuestro paseo, nos lleva por fin a la joya del día, la catedral de la sangre derramada, erigida en el lugar donde el zar alejandro recibió la herida que le mató, extraordinaria por dentro y maravillosa por fuera.

Belén, nada más ver las cebollas (de las cúpulas) se puso a llorar (de emoción).

lunes, 29 de agosto de 2011

Nos vamos a Rusia


La elección del destino se fue madurando a lo largo de varias semanas, mirando catálogos de viajes de aquí y de allá, y quedando en el tintero lugares igualmente apetecibles al otro lado del charco, pero como yo digo, que requieren de una buena forma física ...

Una vez elegido el destino, lo siguiente era ver si hacerlo por agencia o por libre, cada cual con sus pros y sus contras. Por un lado nos gustaba hacerlo por libre porque tendríamos mucha más flexibilidad para itinerarios y sobre todo para la elección del hotel: me fastidia mucho que me lleven al quinto pino y luego sea difícil moverte por tu cuenta. Y normalmente también será bastante más barato.

Por contra, hay que cargar con muchas más tareas... pero eso ya se sabe

Los visados: Para entrar en Rusia es necesario ir con visado y para tramitar el visado, enviando el pasaporte a madrid por mensajero, es necesario una carta de invitación por parte de una entidad rusa, en nuestro caso los hoteles, que tienes que tener previamente reservados. Esto puede llevar unos quince días: en conclusión, no hay que dejar las cosas para última hora... Si vas por agencia, ellos se encargan del trámite.

En el hotel de moscú nos pidieron que mandáramos escaneada la tarjeta de crédito por las dos caras!! :-o

De San Petersburgo a Moscú: se puede ir en avión o en tren. Lo que más mola es ir en un tren nocturno de época, el llamado "Flecha Roja", con madera labrada y visillos de encaje, y que tarda unas ocho horas en ir. Dónde están los problemas ... pues entre lo que lees en los foros y lo que vas viendo...

Las página de trenes rusos, lo que sería su renfe, está en ruso.

La alternativa es comprar el billete en una agencia de viajes rusa, pero en inglés, con una módica comisión de como el 25%

De los trenes los hay con billete electrónico o no y los que no los tienes que cambiar en taquilla donde solo hablan ruso ... y dicen que con los turistas se quedan con comisión.

Los nocturnos no son electrónicos...

Los aviones hay de todo, pero dicen que son bastante maluchos y por tiempo, tampoco ahorras tanto.

Si vas por agencia, ellos se encargan de todo esto.

Al final vamos en un tren rápido, entre otras cosas por las prisas de coger el hotel para poder tramitar los visados.

Por supuesto, el billete está en ruso.

Y llegados a este punto, por si alguien no lo sabe el ruso se escribe en cirílico, vamos que ni siquiera se entienden las letras.

Pero solventados todos estos detalles y algún otro NOS VAMOS A RUSIA!!!, lo que me recuerda al gran Chejov:

"Cuando Chejov vio el largo invierno por delante, sólo percibió un invierno crudo y sombrío y desprovisto de esperanza. No obstante, nosotros sabemos que el invierno no es más que un paso más en el ciclo de la vida. Pero parado aquí, en medio de los habitantes de Punxsutawney y disfrutando del calor de sus hogares y corazones, no podría imaginar un mejor destino que un largo y brillante invierno."

Yo, ahora, no puedo imaginar mejor destino para las vacaciones que las catedrales, palacios y jardines de San petersburgo y moscú (a pesar de la lluvia)

Comienza la aventura!!!

PD: Es cierto, me cuesta mucho dormir en autocares... no como a otras ...