Pero no queremos estar encerrados en nuestra urna del palacio, así que también hay que visitar el pueblo. Es de lo más limpio que hemos visto por la india, lo que no quiere decir mucho, y según nos cuentan tiene como unos diez mil habitantes, de los cuales unos cinco mil viven en el campo. Entre vosotros y nosotros, son poco más de cuatro calles entrelazadas a los pies del palacio.
Las calles, ya digo, limpias, lo que puede ser por los cerdos, que campan a sus anchas por todas partes. Cuando decimos cerdo, la imagen no es la de los cerdos españoles, sino una especie de jabalí, con un pelo muy rígido, que utilizan para hacer cepillos.
Desde el primer día, cada vez que bajamos al pueblo (cada tarde) todo el mundo quiere hablar con nosotros (y que entremos en su tienda). Todo el pueblo esta con nosotros a lo bienvenido míster marshall. Uno de los chicos que nos acompaña de calle en calle, de tienda en tienda, habla un poco de español y le gusta practicar con nosotros. Según nos dice él y el pueblo están muy contentos con los españoles, que van a pasar tres días en el pueblo (y hacer muchas compras), que la mayor parte de los turistas solo vienen al palacio a comer y que no bajan al pueblo o como mucho se quedan un día... así que no sé si nos pondrán una calle, porque no hay tienda en la que no hayamos entrado. Nos dicen hoy poco business, así que que barato.
Además de piscinas, pueblo y compras, hemos realizado otra actividad de lo más enriquecedora ... hemos ido al templo del dios Mono; así dicho, puede parecer cualquier cosa, algo sencillo, pero nada más lejos de la realidad; al llegar al hotel vimos una escalera que subía a la montaña, que tenía una campana al inicio y nos prentamos "dónde irá esa escalera?" y nos dijeron que al tempo del dios Mono, así que nos quedamos con ganas de ir ... subir esa escalera.
Así que para completar el viaje dijimos hay que ir y para allá que fuimos.
Empezamos a subir la escalera, bien al principio y menos bien según avanzamos; parecía una escalera hacia el cielo; al poco de empezar a subir, se nos unió nuestro amigo, que se lo habíamos dicho el día anterior y decidió acompañarnos, y poco después, también se nos unió el chófer, que aunque no fuéramos a hacer uso de sus servicios, se ha quedado con nosotros todos estos días en el pueblo.
Por fin acabó la escalera y comenzó la excursión, como una hora de marcha bajo el sol abrasador indio, cruzándonos con peregrinos, que nos miraban como si fuéramos una atracción de feria.
Belén iba bien entretenida y casi no lloró a la ida, y como íbamos con el muchacho y el chófer, se hizo ameno.
El templo, más grande que cualquiera del pueblo, es centro de peregrinaje y había un montón de gente; desde luego, no hay turistas que vayan allí, así que todos nos miraban e incluso algunos nos hacían fotos; hasta el capitán de la policía del templo quiso pasar un rato de charla con nosotros, mientras todos nos rodeaban, asomándose por puertas y ventanas, según hablabamos con él. Vimos al dios mono y nos dieron sendos collares de flores naranjas, para tener buena suerte. Y vuelta, nuevamente bajo el
sol abrasador indio, con falta de agua.... y hoy, con agujetas!!
Subiremos más fotos en Valladolid!!
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