lunes, 5 de septiembre de 2011

El anillo de oro: Vladimir y Suzdal

El día empieza muy mal, no se puede decir de otra forma: tenemos contratada una excursión para ver dos ciudades distantes 200km de moscú y nos vienen a recoger a las 8 de la mañana!!

Peor aún, a las 7:45 ya está llamando la guía que está en el vestíbulo del hotel. Qué dura es la vida del turista!!

Después de tanto tiempo, Belén vuelve a sentirse a gusto: tiene chófer, guía y guardaespaldas: la guía se sienta atrás y a mí me toca ir adelante junto al chófer.

Al ser domingo la salida de moscú es cómoda, sin atascos. El ir por carrera nos permite ver cómo se conduce en rusia y cómo son las construcciones fuera de las grandes ciudades.

La carretera es de dos carriles en cada dirección pero no lo podemos llamar autovía, porque de vez en cuando tiene semáforos, pasos de peatones o se para el coche en el carril de la izquierda para girar. Pero vamos, quitando esas curiosidades, no se va mal; en sitio mucho peores hemos estado.

Las casas, abundan las que son de madera, lo que no deja de ser un problema con el aislamiento, humedades y demás, pero parece que hasta la caída del comunismo no se vendían ladrillos a la gente. Siendo de madera, hay algunas que labradas son realmente llamativas.

Abunda mucho bosque y mucho verde en el paisaje, y aquí y allá hay en los arcenes puestos de fruta, de sandías o de conejos de peluche, en general del producto típico de la zona.


Al llegar a Vladimir recogemos a la guía local (una personas más para el séquito de Belén) y hacemos una rápida visita viendo la catedral por dentro y lo más llamativo la puerta de oro, la antigua puerta fortificada que daba acceso a la ciudad, que encima de ella tiene una iglesia (= capilla). Las puertas realmente tenían un baño de oro donde se representaban escenas de la biblia.

Es gracioso ver como las dos guías se van alternando la explicación de las cosas, completándose entre sí, pero con algunas palabras raras. La guía nos cuenta que a parte del ruso estudio en el colegio inglés y francés y posteriormente en una academia de turismo el español y el italiano.

Lo siguiente en el plan del viaje es comer, pero si solo son las 12:30!! Nos ofrecen el pan del viajero, un pan dulce, muy rico, pero no tanto como los de belén ;-) ... pero no dejamos nada. La comida, la típica, ensalada, sopa con tropezones de carne, cerdo empanado y gratinado, con guarnición de arroz, y pastel de fresa.



Continuamos hacia Suzdal, que no es más que un pueblo, que en tiempos tuvo más de setenta iglesias y quince monasterios!! y que hoy es patrimonio de la humanidad.

La visita comienza por el museo etnográfico tradicional, en que vemos la vivienda tradicional de un agricultor tradicional o la iglesia tradicional, todas ellas en madera tradicional. Aquí te das cuenta que no hay tantas diferencias en la vida de un agricultor, aunque el que haya 15 grados bajo cero fuera hay que guardar mucho el calor.

Aquí nos explican porque las iglesias son tan pequeñas: en invierno, cuanto más grande es la iglesia más difícil es de calentar, así que no es raro incluso que haya un par de iglesias juntas, una más pequeña para el invierno y otra un poco más grande para el verano.

Luego vamos a ver la catedral de la anunciación, del siglo xiii, y con pinturas del siglo xiii, xv, xvii y xix, bastante llamativa. Y para finalizar vamos a ver un monasterio amurallado, donde nos reciben con un concierto de campanas, y que alberga multitud de iglesias, cuyos iconos fueron quemados en época comunista.

Las explicaciones son en base a pintores, príncipes, aristócratas y demás personajes rusos que tan pronto te los dicen, así se olvidan.

Tras un vasito de hidromiel, bebida típica de la región, a base de miel fermentada (con alcohol) que nos invita la guía, nos volvemos para moscú. Las dos horas largas de la ida se alargan en el atasco de entrada del domingo por la noche y ser convierten en tres horas largas.

Al llegar al hotel nos dicen que es la fiesta de la ciudad y que hay fuegos artificiales, oportunidad que no podemos dejar pasar, así que ateridos por la fría noche moscovita y su gélido viento esperamos por más de media hora unos fuegos artificiales que no duran ni diez minutos; pero si en mi pueblo llegan a las media hora. Debo reconocer, no obstante que aquí  tiraban los cohetes de seis en seis o más. Y a recogerse que hace mucho frío!!

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