lunes, 5 de septiembre de 2011

Los kremlin



Kremlin es una palabra común que viene a significar fortificación o fortaleza.

Repitiendo el paseo de ayer nos plantamos en la plaza roja, que sigue ocupada por las gradas del espectáculo, que finaliza el día 4, y por el ensayo del mismo. Una pena, porque ni da para tener una buena imagen de la plaza, ni se va a poder hacer una foto. Belén está muy triste, pero esperemos que el 5 lo desmonten y podamos verlo.

Para no tener problemas con los cierres semanales, empezamos por San Basilio, la preciosa iglesia de cebollas y fantasía de la plaza roja. El interior realmente nos sorprende, ya que cada cúpula se corresponde con una capillita independiente del resto, separadas por muros. En la central, un coro de cinco rusos entona un canto profundo y melodioso (y venden cds).

En casi todos los monumentos de rusia cobran independientemente la entrada del permiso para hacer las fotos, lo que teniendo en cuenta el precio de las entradas me parece un robo. El caso es que tienen razón los blogs, nadie te pide el permiso, así que se puede arriesgar uno, con disimulo, a hacer las fotos sin pagarlo.

La puerta de acceso al kremlim no está en la plaza roja, sino al otro lado de la fortificación, así que tras ver por fuera el mausoleo de lenin damos la vuelta para entrar.

Sorprende que casi no hay colas en la taquilla, pero tiene su explicación, venden tres tipos de entradas diferentes y las más completas ya se han agotado (también tienen cupo), así que pagamos 9€ por persona por dar una vuelta dentro del kremlin.



Resulta muy curioso que en el centro del poder comunista persistieran a lo largo de los años seis catedrales de siglos pasados. Además de las catedrales son foto obligada el cañón y la campana más grande del mundo. Por lo que parece a los rusos les gustan las cosas grandes.



Tras un tentempié a base de una patata asada con unas salsas (en que nos vuelven a dar gato por liebre, poniéndonos las salsas más caras), cogemos el metro hacia Izmailovo, un mercado de recomendación fraterna. En la guía pone que numerosos puestos solo abren los fines de semana, así que hay que aprovechar el sábado.



Lo primero que visitamos allí es su kremlim, fortificación moderna, pero con edificios de madera al estilo tradicional, convertida en lo que podríamos denominar bodódromo: en lo que estamos por allí vemos media docena de parejas por lo menos celebrando la boda y posando después para las fotos. Por cierto, un poco horteras si que son... pero eso ya lo dejamos para los comentarios especializados de Belén.

Cuando pasamos al mercado ya son casi las seis y muchos puestos están recogiendo, pero como casi todos son del mismo estilo nos da para hacernos una idea: matrioskas de todos los tamaños, formas y colores, objetos tallados en madera, ajedreces, gorros de piel, ...

De regreso al centro vamos viendo alguna de las estaciones de metro en las que hay que detenerse y luego vamos paseando hasta el legendario Bolsoi. Nos iremos del viaje con una espinita clavada, de no poder ver "El lago de los cisnes" en el Bolsoi, pero es que aún no ha empezado la temporada :-(

Para cenar vamos a un restaurante de comida tradicional ucraniana ("Taras Bulba", qué recuerdos), donde tienen un tocó de carta en español!! :-o carta que tardamos media hora en el leer, para al final pedir lo que no entendemos: pelmeni y varenski... lo que al final resultan ser distintos tipos de pasta rellena. Un poco escasa la cena, pero mañana nos levantaremos igualmente en ayunas.

Camino al hotel, por las calles inhóspitas, con merodeadores, vemos dos parejas que tienen grabado en la frente "turistas" y que van en silencio, apretando el paso y mirando al suelo: no podemos por menos que seguirles, a un par de metros, y de vez en cuando echan una mirada hacia atrás a ver quien les sigue ... pero esta vez somos nosotros los merodeadores :-D Efectivamente, entramos todos juntitos al hotel.

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